El tren pasa primero

Elena Poniatowska recibió hoy el premio Rómulo Gallegos por su novela El tren pasa primero, acerca del movimiento ferrocarrilero en México en las décadas de los 50’s y 60’s.

Este premio ha sido recibido por los más importantes escritores latinoamericanos (Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Roberto Bolaño, Fernando Vallejo, entre otros), algunas de cuyas novelas se han convertido en grandes clásicos, como Cien años de soledad o Palinuro de México, de Fernando del Paso. Un gran mérito para “Elenita”, sin duda alguna.

Coincidentemente, justo ayer terminé de leer la novela, así que aprovecho para escribir sobre ella. Como ya dije antes, es una novela acerca del movimiento ferrocarrilero en México. La historia gira alrededor del protagonista, Trinidad Pineda Chiñas, nacido en el estado de Veracruz y líder que logró movilizar a los ferrocarrileros de toda la nación. Trinidad está inspirado en Demetrio Vallejo, líder que logró unir a los ferrocarrileros en 1959 en una huelga nacional y que luego fue apresado por el gobierno de López Mateos.

En la novela. Poniatowska narra la vida de Pineda desde su infancia hasta su retiro. Con detalles describe el movimiento dirigido por él mismo, la eterna confrontación con el gobierno y los líderes charros, además de su vida personal llena de sueños, amoríos, y frustraciones. Poniatowska no se olvida de las influencias culturales zapotecas en su infancia, que lo acompañan durante toda su vida.

No es la primera vez que Poniatowska escribe con pasión acerca del movimiento ferrocarrilero, o del mismo Demetrio Vallejo. Hace unos años (2004), escribió en La Jornada las siguientes palabras:

Demetrio Vallejo es otro oaxaqueño inolvidable. Hombre de riel, nacido en 1910 con la Revolución, impulsó como presidente de la Gran Comisión Pro Aumento de Salarios la huelga ferrocarrilera que paralizó al país primero en 1958 y luego en 1959. Cursó hasta el tercero de primaria y su idioma materno fue el zapoteco. Sus padres iban de Espinal a Mogoñe y párenle de contar. Allá sólo había dos opciones: trabajar en el campo o ser chícharo en la estación. Vallejo escogió el tren. Al aprender a leer en castellano, Demetrio estructuró todo un sistema de pensamiento para comprender al mundo al que quería acceder. De niño que comía quelites con huevo, como Benito Juárez, hoy tan injustamente olvidado, Demetrio Vallejo escogió la crítica, el análisis de los acontecimientos, la reflexión, la lectura, la disciplina, para volverse un hombre moderno y llegar a líder. Aprendió muy joven a razonar y se desesperó porque a la estación de tren llegaban pocos libros, y los que pedía por correspondencia le resultaban de muy difícil lectura, como el significado de plusvalía en El Capital, de Marx.

Aunque su base fue la cultura zapoteca, el pensaba que siempre hay una razón social y política tras los mitos y las leyendas. Nunca perdió esa cultura esencial, la de la tierra, la de su pasado prehispánico. Se supo y se declaró indígena. Pero tampoco fue eso lo que más le importó. Quería ante todo cambiar la suerte de los trabajadores, depurar el sindicalismo, acabar con los líderes vendidos. Su indignación lo sostuvo. Su indignación fue su moral. Y su amor. Amaba al ferrocarril por sobre todas las cosas. ¿Qué diría ahora que terminaron los trenes de pasajeros y se va a demoler Buenavista? Pocos hombres como él, imposibles de doblegar. Once años de cárcel y una larga huelga de hambre no lo cambiaron. Murió en 1985, él, el incorruptible. —Sesenta y dos años al sol de las naranjas, La Jornada, 2 de myo de 2004

Esta novela me recuerda el estilo de La piel del cielo, con la que Poniatowska ganó el Premio Alfaguara en 2001, sobre el desarrollo de la astronomía en México. Aunque la historia de La piel… está escrita de manera cronológica, mientras que en El tren… juega con la cronología (la infancia de Trinidad, por ejemplo, es narrada hasta la tercera y última parte de la novela), de la misma manera se enfoca adentro del personaje, haciendo énfasis en los triunfos y decepciones desde el punto de vista del protagonista, dándonos una historia no de un “líder nato”, sino de una persona a quien lo que más le duele son las injusticias de este país.

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