Mocho de la semana: Tabaré Vázquez

Como en todas las semanas (no sólo desde que empezamos esta sección, desde luego) la actividad mocha alrededor del mundo está lejos de ser nula. Los prejuicios, la discriminación y la injusticia basados en (o con el pretexto de) creencias religiosas siguen siendo siendo un cáncer que afecta a la sociedad, y ni siquiera la radioterapia (léase más abajo para entender el “chiste”) se puede deshacer de él.

Esta semana, por ejemplo, corrió la noticia de la posible excomunión de un sacerdote católico en EEUU, por atreverse a ordenar a una mujer al sacerdocio. Obviamente, la ceremonia de ordenación sólo es simbólica y no tiene ningún valor en esa iglesia, pero la misoginia de los católicos es tal que prefieren reducir la membresía de su club en lugar de admitir mujeres. Una especie de club de Tobi, pero un poco más medieval. El Universal reprodujo la noticia el viernes.

Apenas la semana pasada mencioné el mochismo que caracteriza a los DIF (“Desarrollo Integral de la Familia”) nacionales. Aunque me gustaría decir que ya me han contradicho, la realidad es dura. El DIF de Jalisco se niega a regresar la custodia de una niña de once años a su actual tutor, aún cuando hay una orden judicial de por medio, por el hecho de ser transexual.

Alberto “Alondra” Ávila Vélez ha cuidado a la niña desde su nacimiento, siendo entregada a él por su madre en 1997. El hecho ocurrió en Tala, Jalisco, pero sus problemas empezaron en 2003, cuando se mudó a Guadalajara. En 2006, el DIF le quitó la custodia de la niña, aún cuando llevaba una vida normal, asistía a la escuela y hasta la llevaban al catecismo (craso error, pero no es el punto ahora).

Este octubre, un tribunal familiar del Estado devolvió la custodia de la menor a Alondra, pero el DIF se negó a hacerlo. Presentó un amparo y hasta cambió a la niña de albergue (esto sería calificado de secuestro en circunstancias ligeramente distintas). El DIF le alegó:

“Usted no ha modificado su forma de ganarse la vida y su conducta misma no se ajusta a los parámetros de convivencia social elementales para que una menor de edad tenga un punto de referencia moral para su vida de adulta”.

Pinches mochos. Pero eso no es lo que gana las palmas (en el hocico) de esta semana: Tabaré Vázquez, el “primer presidente de izquierda” en Uruguay, ha vetado la Ley de Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva, aprobada por el parlamento uruguayo no sin bastantes problemas.

La ley incluye la despenalización parcial del aborto durante los primeros tres meses de embarazo, por riesgo para la madre y penurias económicas. Pero el mochismo de Vázquez se interpuso, ejerciciendo el derecho de veto sobre el derecho de las mujeres a tener control sobre su propia repreducción.

¿Cómo puede llamarse de “izquierda” y vetar una ley como ésta? Vázquez ha logrado establacer reformas políticas y sociales en Uruguay, pero no estarán completas sin el contexto apropiado que respete los derechos a la salud, haciendo a un lado prejuicios basados en supersticiones religiosas. Aún cuando Tabaré es radioterapeuta, no se ha podido deshacer del cáncer mocho que afecta su forma de pensar.

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