Mocho de la semana: Alcalde de Nuevo Laredo

Los mochos anduvieron muy prohibidores esta semana: Empezando por el Ministerio del Interior de Guatemala, que prohibió el uso de minifaldas y escotes a sus empleadas quesque para dar una mejor imagen ante “la sociedad”, y pasando por obispo de Huejutla, en el estado de Hidalgo, que ordenó al cura de Calnali que negara todos los servicios religiosos a la comunidad, por haberse negado a cancelar los festejos del carnaval un día antes de lo acostumbrado.

Las prohibiciones no son nuevas entre los mochos. Entre las más recientes, recordemos que en agosto del año pasado una preparatoria en Sinaloa prohibió el uso de las minifaldas a sus estudiantes, como una manera de evitar la violencia de género, apenas un día después que la iglesia católica mexicana sugirió que las agresiones sexuales contra las mujeres se debe a la ropa “provocativa” o a la participación en pláticas con “chistes picantes”. Eso, sin contar la reciente ocurrencia del ayuntamiento de Guanajuato de prohibir los besos “olímpicos” en las calles. No ma…

Sin embargo, quien se gana las palmas es el alcalde de Nuevo Laredo, Ramón Garza, que con el pretexto de “mejorar la imagen de la ciudad”, pidió que se retiraran los altares a la Santa Muerte que se han instalado en las carreteras a la entrada de la ciudad, además de exigir a los dueños de negocios donde se venden imágenes de la misma que no exhiban sus productos en las banquetas, sino sólo en el interior de sus tiendas.

El culto a la Santa Muerte cada vez es más popular en México. En él se venera a la muerte, básicamente, como a cualquier santo católico, con un estilo que asemeja a la santería cubana, aunque con mezclas de raíz prehispánica en lugar de raíces africanas, como en Cuba.

Desde luego, como cualquier cosa en contra de la ortodoxia católica, este culto ha sido satanizado, y sus seguidores han sido identificados con delincuentes, en especial narcotraficantes. De hecho, la misma Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) ha indicado que la petición de retirar los altares debe hacerse al ejército, ya que al intentarlo se puede “poner en riesgo” la seguridad de su personal. Esto suena más a pretexto, porque la misma SCT ha indicado que sólo puede retirar los altares si obstruyen la visibilidad en el camino.

Lo más cínico es que el alcalde Garza asegura que su gobierno es “respetuoso de la libertad de culto y creencias”. ¿Es por eso que pide remover altares de un culto, pero no dice nada de los altares católicos, también muy populares en las carreteras? ¿Pedirá que la gente retire los crucifijos en el exterior de sus casas, o que lo choferes de los camiones retiren toda clase de imágenes de santos, para mejorar la imagen de la ciudad? ¿O también pedirá que los templos católicos se abstengan de hacer ruido con sus campanarios, para evitar molestias a la sociedad?

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